Nos adentramos en la noche más terrorífica del año, la víspera de todos los santos o como más me gusta llamarla a mí por ser más propio de nuestras raíces: "la noche de las ánimas". Si bien soy contraria a su explotación comercial de los últimos años, admito que estoy enamorada de su espíritu oscuro y estremecedor. En una noche mágica como ésta en la que se disipa la frontera entre nuestro mundo y el del más allá, no podían faltar unos relatos de terror que nos impidan conciliar el sueño. Por ello os traigo el enlace de Paraiso4, donde podéis descargar el especial de Halloween de este año ("666"). Yo aún no lo he leído pero espero hacerlo pronto.
II Especial de Halloween - Paraiso4
Antes de comenzar a leer, no olvidéis mirar debajo de vuestras camas, no sea que tengáis una visita inesperada. Espero que lo disfrutéis y paséis una noche... ATERRADORA
31/10/12
28/10/12
Consejos para un aspirante a escritor
Desconozco el autor. ;P
1. Lo primero es conoser vien la hortografia.
2. Cuide la concordancia, el cual son necesaria para que Vd. no caigan en aquellos errores
3. Y nunca empiece por una conjuncion.
4. Evite las repeticiones, evitando asi repetir y repetir lo que ya ha repetido repetidamente.
5. Use; correctamente. Los signos: de, puntuacion.
6. Trate de ser claro; no use hieréticos, herméticos o errabundos gongorismos que puedan jibarizar las mejores ideas.
7. Imaginando, creando, planificando, un escritor no debe aparecer equivocandose, abusando de los gerundios.
8. Correcto para ser en la construccion, caer evite en trasposiciones.
9. Tome el toro por las astas y no caiga en lugares comunes.
10. Si Vd, parla y escribe en castellano, O.K.
11.Voto al chapiro!... creo a pies juntillas que deben evitarse las antiguallas.
12. Si algún lugar es inadecuado en la frase para poner colgado un verbo, el final de un parrafo lo es.
13. Por amor del cielo!, no abuse de las exclamaciones.
14. Pone cuidado en las conjugaciones cuando escribéis.
15. No utilice nunca doble negacion.
16. Es importante usar los apostrofo's correctamente.
17. Procurar nunca los infinitivos separar demasiado.
18. Relea siempre lo escrito, y vea si palabras.
19. Con respecto a frases fragmentadas.
1. Lo primero es conoser vien la hortografia.
2. Cuide la concordancia, el cual son necesaria para que Vd. no caigan en aquellos errores
3. Y nunca empiece por una conjuncion.
4. Evite las repeticiones, evitando asi repetir y repetir lo que ya ha repetido repetidamente.
5. Use; correctamente. Los signos: de, puntuacion.
6. Trate de ser claro; no use hieréticos, herméticos o errabundos gongorismos que puedan jibarizar las mejores ideas.
7. Imaginando, creando, planificando, un escritor no debe aparecer equivocandose, abusando de los gerundios.
8. Correcto para ser en la construccion, caer evite en trasposiciones.
9. Tome el toro por las astas y no caiga en lugares comunes.
10. Si Vd, parla y escribe en castellano, O.K.
11.Voto al chapiro!... creo a pies juntillas que deben evitarse las antiguallas.
12. Si algún lugar es inadecuado en la frase para poner colgado un verbo, el final de un parrafo lo es.
13. Por amor del cielo!, no abuse de las exclamaciones.
14. Pone cuidado en las conjugaciones cuando escribéis.
15. No utilice nunca doble negacion.
16. Es importante usar los apostrofo's correctamente.
17. Procurar nunca los infinitivos separar demasiado.
18. Relea siempre lo escrito, y vea si palabras.
19. Con respecto a frases fragmentadas.
23/10/12
Cita de la semana
“Uno es escritor no desde el momento que publica, sino desde que escribe y se siente escritor”.
Javier García Sanchez
20/10/12
Empezar con buen pie
Ayer fue un día extraño, de esos en los que no sabes muy bien cómo ni por qué parece que todo sale a pedir de boca. A primera hora de la mañana estaba sentada frente al ordenador, dándole forma a un pequeño relato que quería presentar a un concurso. Entonces sonó la voz de Víctor García en mi móvil (sí, tengo una canción de warcry como tono de llamada). En un principio no hice ademán de cogerlo ya que lo más habitual son las perdidas de David. Sin embargo, Víctor se empeñaba en seguir entonando su canción y finalmente me levanté para responder. El jueves tuve una entrevista de trabajo que me dio muy buena impresión y esa era la llamada de confirmación: les había gustado y querían que empezara ya. Así que el lunes empezaré mi periodo de formación en la empresa para luego comenzar a trabajar ¡de una vez por todas! (no sabéis lo desesperada que estaba ya).
Ya os podéis imaginar el subidón, aunque como he dicho era algo que ya me esperaba después de la atípica entrevista que tuve. A partir de ahí todo el día fue sobre ruedas. Conocí a un vecino que se había dejado las llaves colgando en el buzón y que yo rescaté, dando así un buen paso para que me conocieran en la finca. Tuve noticias de una amiga a la que no veo desde antes del verano y con quien tengo una kedada pendiente, y me alegró el resto del día con lo que me contaba. También me llamaron de la constructora para citarme en el banco la semana próxima para tramitar la hipoteca. ¡¡El trabajo me llegó en el momento más oportuno!! Pero sobretodo, acabé el relato que tenía entre manos y cuyo plazo finaliza mañana.
No me presentaba a ningún concurso desde lo de Jamais. Aquel fue el primero y el último al que me había presentado, hasta hoy. Uno de mis propósitos para este nuevo comienzo era empezar a moverme para publicar, ya fuera con manuscritos a editoriales, relatos a revistas... o incluso participar en certámenes. Confieso que esta última opción es la que considero menos fiable. El motivo es que como es bien sabido, muchos de esos certámenes ya tienen sus premios destinados a un autor determinado. Sin embargo, muchas veces sirve para que alguien lea tu trabajo y te quiera publicar. Así que he dado mi primer paso. No espero un gran resultado de momento, pero me pareció una buena forma de romper el hielo con esa parte de mí tan reacia desde las llamadas de la señorita Rocío. Deseadme suerte ;)
Ya os podéis imaginar el subidón, aunque como he dicho era algo que ya me esperaba después de la atípica entrevista que tuve. A partir de ahí todo el día fue sobre ruedas. Conocí a un vecino que se había dejado las llaves colgando en el buzón y que yo rescaté, dando así un buen paso para que me conocieran en la finca. Tuve noticias de una amiga a la que no veo desde antes del verano y con quien tengo una kedada pendiente, y me alegró el resto del día con lo que me contaba. También me llamaron de la constructora para citarme en el banco la semana próxima para tramitar la hipoteca. ¡¡El trabajo me llegó en el momento más oportuno!! Pero sobretodo, acabé el relato que tenía entre manos y cuyo plazo finaliza mañana.
No me presentaba a ningún concurso desde lo de Jamais. Aquel fue el primero y el último al que me había presentado, hasta hoy. Uno de mis propósitos para este nuevo comienzo era empezar a moverme para publicar, ya fuera con manuscritos a editoriales, relatos a revistas... o incluso participar en certámenes. Confieso que esta última opción es la que considero menos fiable. El motivo es que como es bien sabido, muchos de esos certámenes ya tienen sus premios destinados a un autor determinado. Sin embargo, muchas veces sirve para que alguien lea tu trabajo y te quiera publicar. Así que he dado mi primer paso. No espero un gran resultado de momento, pero me pareció una buena forma de romper el hielo con esa parte de mí tan reacia desde las llamadas de la señorita Rocío. Deseadme suerte ;)
17/10/12
Cuestión de fidelidad
Si algo he aprendido en todos estos años es que hay que ser fiel a uno mismo. No me refiero exclusivamente a valores y convicciones propias. También a la hora de escribir nos debemos fidelidad.
Uno de los mayores errores que cometí fue dejarme llevar por algunos consejos, siempre de buena voluntad, que no hicieron más que alejarme de mi ser escritor. Me llevó algún tiempo comprender que el bloqueo mental de aquellos momentos se debía a mi empeño en escribir lo que los demás querían leer, en lugar de lo que yo realmente quería contar.
Tal vez no haya escogido el género literario por excelencia, ni el de los bestsellers. Quizá en el fondo siga siendo aquella chica rara que escondía un alma de gótica (esa frase me caló). Puede que mis historias jamás reciban un afamado premio o que incluso puedan ser consideradas por algunos “todo menos literatura”. Hay quien no comprende que existen más géneros a parte de la novela histórica, romántica o el drama más puro. En todas las librerías, en TODAS, siempre hay al menos un estante dedicado al género de misterio, terror y fantasía. Un pequeño estante en el que yo, como tantos otros lectores, me siento cómoda y donde con frecuencia me gusta acabar el día entre sombras y algún que otro respingo.
Sin embargo la mayoría es la que manda y cuando una recibe muchos mensajes del tipo “está muy bien, pero deberías escribir otro tipo de cosas”, “no está mal, pero donde haya una buena historia de amor…”, “¿cuándo vas a escribir algo serio?” puede dejarse arrastrar por una marea vertiginosa que o te transforma, o acaba contigo. Yo intenté la transformación por algún tiempo, pero poco a poco fui perdiendo las ganas de escribir. Hasta que un día, no recuerdo muy bien dónde ni cómo, tropecé con una frase de Vargas Llosa que dice “el novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o temas de una manera racional, porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal novelista”. No es que yo escribiera para tener mayor éxito, simplemente quería que aquellos con quienes compartía letras me leyeran. Sin embargo, sabía que algo fallaba y Vargas Llosa me dio la respuesta. Si mi mano se inclinaba por el terror y el misterio no podía seguir escribiendo en un grupo donde primara la poesía o las historias de amor y melancolía de personajes banales que podías tropezarte al salir de casa. Recuerdo que un compañero al que le guardo un especial cariño se quejó un día en mi buzón de entrada “¿qué ha sido de esa escritora prolífica que nos regalaba relatos todas las semanas?”. Supongo que estaba buscándome bajo un montón de historias que no sabía reconocer como mías y mis letras no daban para escribir otra cosa que no fueran comentarios a los textos de los demás.
Por fortuna comprendí que si quería seguir escribiendo debía hacerlo sobre aquello que más me apetecía. Dicen que a veces es necesario dar un paso atrás para coger impulso. Por ese motivo decidí guardar a parte todos los consejos sobre QUÉ ESCRIBIR y volver a empezar.
Uno de los mayores errores que cometí fue dejarme llevar por algunos consejos, siempre de buena voluntad, que no hicieron más que alejarme de mi ser escritor. Me llevó algún tiempo comprender que el bloqueo mental de aquellos momentos se debía a mi empeño en escribir lo que los demás querían leer, en lugar de lo que yo realmente quería contar.
Tal vez no haya escogido el género literario por excelencia, ni el de los bestsellers. Quizá en el fondo siga siendo aquella chica rara que escondía un alma de gótica (esa frase me caló). Puede que mis historias jamás reciban un afamado premio o que incluso puedan ser consideradas por algunos “todo menos literatura”. Hay quien no comprende que existen más géneros a parte de la novela histórica, romántica o el drama más puro. En todas las librerías, en TODAS, siempre hay al menos un estante dedicado al género de misterio, terror y fantasía. Un pequeño estante en el que yo, como tantos otros lectores, me siento cómoda y donde con frecuencia me gusta acabar el día entre sombras y algún que otro respingo.
Sin embargo la mayoría es la que manda y cuando una recibe muchos mensajes del tipo “está muy bien, pero deberías escribir otro tipo de cosas”, “no está mal, pero donde haya una buena historia de amor…”, “¿cuándo vas a escribir algo serio?” puede dejarse arrastrar por una marea vertiginosa que o te transforma, o acaba contigo. Yo intenté la transformación por algún tiempo, pero poco a poco fui perdiendo las ganas de escribir. Hasta que un día, no recuerdo muy bien dónde ni cómo, tropecé con una frase de Vargas Llosa que dice “el novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o temas de una manera racional, porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal novelista”. No es que yo escribiera para tener mayor éxito, simplemente quería que aquellos con quienes compartía letras me leyeran. Sin embargo, sabía que algo fallaba y Vargas Llosa me dio la respuesta. Si mi mano se inclinaba por el terror y el misterio no podía seguir escribiendo en un grupo donde primara la poesía o las historias de amor y melancolía de personajes banales que podías tropezarte al salir de casa. Recuerdo que un compañero al que le guardo un especial cariño se quejó un día en mi buzón de entrada “¿qué ha sido de esa escritora prolífica que nos regalaba relatos todas las semanas?”. Supongo que estaba buscándome bajo un montón de historias que no sabía reconocer como mías y mis letras no daban para escribir otra cosa que no fueran comentarios a los textos de los demás.
Por fortuna comprendí que si quería seguir escribiendo debía hacerlo sobre aquello que más me apetecía. Dicen que a veces es necesario dar un paso atrás para coger impulso. Por ese motivo decidí guardar a parte todos los consejos sobre QUÉ ESCRIBIR y volver a empezar.
7/10/12
Cadena de cerezas o de las casualidades de la vida
Hace unos años, en la asignatura de Salud Mental, tuve una profesora muy peculiar que describía la vida como una enorme cesta de cerezas, donde un aconticimiento se enlazaba a otro de manera singular, igual que las cerezas entrecruzan sus rabitos entre sí, pudiendo formar deliciosas cadenas de gran longitud. Ella no creía en la casualidad, siempre aludía a esas cerezas que inundaban de magia su día a día.
Inexplicablemente, ayer fui yo quien tuvo uno de esos momentos que ella llamaba "cereza" y que ha dado un giro de 360º a cierto aspecto de mi vida: la escritura. Uno de los anhelos que más he ansiado y que, no sé muy bien como, había relegado a un rincón oscuro que no me atrevía a visitar.
Todo comenzó hace un par de semanas, cuando me encontraba en la librería de El Corte Inglés ojeando las novedades editoriales. Mi cuenta bancaria no pasa por su mejor momento, pero aún así sigo visitando la sección de libros indagando nuevos títulos que añadir a mi lista de lecturas pendientes (para algo lo tengo al lado de casa). Como no podía ser menos, mis pasos me llevaron irremediablemente a la sección de fantasía, misterio y terror, donde me gusta sumergirme siempre que tengo ocasión. Allí, rebuscando entre los libros, encontré un título que me llamó la atención: "La casa del torreón". Lo saqué de la estantería para leer la sinopsis y me tropecé con una portada aún más atractiva. Lo hojeé con curiosidad, descubriendo que se trataba de una obra de gran originalidad que merecía una especial atención. Memoricé el título de la novela y me marché, dispuesta a indagar más sobre aquella obra y su autora.
Unos días después, cuando pasé por casa de mis padres, me sumergí en el universo de internet buscando información sobre el libro. Así fui a dar con la web de Isabel del Río y el booktrailer de La casa del torreón. También encontré la noticia de una segunda parte y algunas reseñas que alababan la novela. Sin embargo aún no me quedaba claro si aquella novela, en apariencia de terror, era más un cuento infantil o si, por el contrario, estaba destinada a un público más adulto. Así que pospuse la búsqueda de información por un tiempo, esperando encontrar a alguien que la hubiese leído y me resolviera algunas dudas.
Siguieron los día con total normalidad hasta que una tarde abrí el correo electrónico y me tropecé con el boletín mensual del Bibliocafé. He de confesar que, a pesar de interesarme muchísimo, hasta ahora no había asistido a ningún evento. Más por falta de compañía que por falta de ganas. No me animaba a acudir yo sola a una de las presentaciones, pero eso no evitaba que cada mes revisara de principio a fin la agenda del Bibliocafé. Así fue como tropecé, con gran sorpresa por mi parte, con la presentación del día 6 de octubre: "Encuentro con La casa del trorreón II" ¿A caso no era la continuación de aquella novela que hacía tan solo una semana había ojeado en El Corte Inglés? Volví a recurrir a san google y... sí, en efecto, era ella. Y su autora estaría en el Bibliocafé presentando el libro. Era una ocasión que no podía perder, la segunda cereza de una cadena que no quería desperdiciar.
Insinué a David que me gustaría que me acompañara a la presentación de un libro y él respondió que ya veríamos. Llegó el sábado y ya me había hecho a la idea de asistir yo conmigo misma a la presentación, si bien el factor "soledad" intentaba desanimarme por momentos. Hasta que David me dijo "arréglate para las 6 de la tarde". ¿En serio iba a acompañarme? Feliz por el nuevo rumbo que tomaba la situación, me arreglé a toda prisa y estuve preparada para la hora prevista.
En un primer momento encontré un público más joven de lo esperado. "Cariño, ¿qué cosas lees? Aquí solo hay críos". Pues sí, pero yo soy de las que dan una segunda oportunidad y esperé a escuchar a Isabel antes de emitir un juicio de valor. Así fue como descubrí a una escritora muy interesante, con quien además me sentí muy identificada. Sus gustos, sus inicios, sus inquietudes, sus proyectos... Casi podía reconocerme en ella. Fue un cúmulo de sensaciones que despertó algo que dormitaba en mi interior, esa fascinación por la escritura que yo mantenía distante y que Isabel supo agarrar con fuerza para llevarla a buen fin.
Cuando salí de allí me dije "¿por qué yo no?". Aún no es tarde, mantengo mi amor a la escritura y mi sueño sigue siendo publicar. Tan solo debo romper con mis temores y arreglar mis manuscritos para enviarlos. Estoy preparada para un NO, creo que para lo que no estoy preparada es para la incertidumbre de no saber qué habría sido... Las cerezas han comenzado una nueva cadena.
Ahora "La casa del torreón" ocupa uno de los primeros lugares en mi lista de "lecturas pendientes".
Inexplicablemente, ayer fui yo quien tuvo uno de esos momentos que ella llamaba "cereza" y que ha dado un giro de 360º a cierto aspecto de mi vida: la escritura. Uno de los anhelos que más he ansiado y que, no sé muy bien como, había relegado a un rincón oscuro que no me atrevía a visitar.
Todo comenzó hace un par de semanas, cuando me encontraba en la librería de El Corte Inglés ojeando las novedades editoriales. Mi cuenta bancaria no pasa por su mejor momento, pero aún así sigo visitando la sección de libros indagando nuevos títulos que añadir a mi lista de lecturas pendientes (para algo lo tengo al lado de casa). Como no podía ser menos, mis pasos me llevaron irremediablemente a la sección de fantasía, misterio y terror, donde me gusta sumergirme siempre que tengo ocasión. Allí, rebuscando entre los libros, encontré un título que me llamó la atención: "La casa del torreón". Lo saqué de la estantería para leer la sinopsis y me tropecé con una portada aún más atractiva. Lo hojeé con curiosidad, descubriendo que se trataba de una obra de gran originalidad que merecía una especial atención. Memoricé el título de la novela y me marché, dispuesta a indagar más sobre aquella obra y su autora.
Unos días después, cuando pasé por casa de mis padres, me sumergí en el universo de internet buscando información sobre el libro. Así fui a dar con la web de Isabel del Río y el booktrailer de La casa del torreón. También encontré la noticia de una segunda parte y algunas reseñas que alababan la novela. Sin embargo aún no me quedaba claro si aquella novela, en apariencia de terror, era más un cuento infantil o si, por el contrario, estaba destinada a un público más adulto. Así que pospuse la búsqueda de información por un tiempo, esperando encontrar a alguien que la hubiese leído y me resolviera algunas dudas.
Siguieron los día con total normalidad hasta que una tarde abrí el correo electrónico y me tropecé con el boletín mensual del Bibliocafé. He de confesar que, a pesar de interesarme muchísimo, hasta ahora no había asistido a ningún evento. Más por falta de compañía que por falta de ganas. No me animaba a acudir yo sola a una de las presentaciones, pero eso no evitaba que cada mes revisara de principio a fin la agenda del Bibliocafé. Así fue como tropecé, con gran sorpresa por mi parte, con la presentación del día 6 de octubre: "Encuentro con La casa del trorreón II" ¿A caso no era la continuación de aquella novela que hacía tan solo una semana había ojeado en El Corte Inglés? Volví a recurrir a san google y... sí, en efecto, era ella. Y su autora estaría en el Bibliocafé presentando el libro. Era una ocasión que no podía perder, la segunda cereza de una cadena que no quería desperdiciar.
Insinué a David que me gustaría que me acompañara a la presentación de un libro y él respondió que ya veríamos. Llegó el sábado y ya me había hecho a la idea de asistir yo conmigo misma a la presentación, si bien el factor "soledad" intentaba desanimarme por momentos. Hasta que David me dijo "arréglate para las 6 de la tarde". ¿En serio iba a acompañarme? Feliz por el nuevo rumbo que tomaba la situación, me arreglé a toda prisa y estuve preparada para la hora prevista.
En un primer momento encontré un público más joven de lo esperado. "Cariño, ¿qué cosas lees? Aquí solo hay críos". Pues sí, pero yo soy de las que dan una segunda oportunidad y esperé a escuchar a Isabel antes de emitir un juicio de valor. Así fue como descubrí a una escritora muy interesante, con quien además me sentí muy identificada. Sus gustos, sus inicios, sus inquietudes, sus proyectos... Casi podía reconocerme en ella. Fue un cúmulo de sensaciones que despertó algo que dormitaba en mi interior, esa fascinación por la escritura que yo mantenía distante y que Isabel supo agarrar con fuerza para llevarla a buen fin.
Cuando salí de allí me dije "¿por qué yo no?". Aún no es tarde, mantengo mi amor a la escritura y mi sueño sigue siendo publicar. Tan solo debo romper con mis temores y arreglar mis manuscritos para enviarlos. Estoy preparada para un NO, creo que para lo que no estoy preparada es para la incertidumbre de no saber qué habría sido... Las cerezas han comenzado una nueva cadena.
Ahora "La casa del torreón" ocupa uno de los primeros lugares en mi lista de "lecturas pendientes".
Volviendo a los orígenes
Hace tiempo que venía rondándome la idea de retomar el blog que tenía abandonado desde hace casi 2 años. La vida da muchas vueltas y los últimos acontecimientos me habían alejado tanto de la red que no acababa de dar el paso que me trajera de vuelta.
Sin embargo ayer ocurrió una de esas cosas que, inexpicablemente, encienden una pequeña luz al final del camino y no puedes hacer otra cosa que no sea caminar en su dirección. Así es como he llegado otra vez aquí, al punto de partida, y desde donde voy a iniciar la nueva andadura. El antiguo blog estaba ya tan viejo y abandonado que he decidido crear uno nuevo; otra forma de construir un comienzo distinto que me lleve a la meta que siempre he soñado alcanzar.
Sé que aún tengo mucho camino por recorrer, muchos miedos que dejar atrás y muchas decisiones que afrontar con valentía, pero siempre tuve alma de guerrera. Atrás queda la niña indecisa, aquella que creyendo en la buena voluntad de los amigos, dejó moldear sus escritos para convertirlos en los de una desconocida. Hoy he vuelto a mis orígenes y mis letras serán las que siempre debieron ser. Sé que aún hay mucho por aprender, técnicas que trabajar... pero la esencia ya no cambiará.
Sin embargo ayer ocurrió una de esas cosas que, inexpicablemente, encienden una pequeña luz al final del camino y no puedes hacer otra cosa que no sea caminar en su dirección. Así es como he llegado otra vez aquí, al punto de partida, y desde donde voy a iniciar la nueva andadura. El antiguo blog estaba ya tan viejo y abandonado que he decidido crear uno nuevo; otra forma de construir un comienzo distinto que me lleve a la meta que siempre he soñado alcanzar.
Sé que aún tengo mucho camino por recorrer, muchos miedos que dejar atrás y muchas decisiones que afrontar con valentía, pero siempre tuve alma de guerrera. Atrás queda la niña indecisa, aquella que creyendo en la buena voluntad de los amigos, dejó moldear sus escritos para convertirlos en los de una desconocida. Hoy he vuelto a mis orígenes y mis letras serán las que siempre debieron ser. Sé que aún hay mucho por aprender, técnicas que trabajar... pero la esencia ya no cambiará.
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